Puedes Cambiar tu Estrella

Dante Gebel
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–Algún día seré un caballero del rey– dice el niño, mientras observa un desfile
militar. –¡Ja, ja, ja! ¿Un caballero? ¡El hijo de un techador quiere ser un caballero!– se burla un vecino algo viejo y molesto por los sueños de un niño demasiado ambicioso –sería más fácil cambiar las estrellas, antes que seas un caballero–.
El niño siente la daga del sentido común que lo atraviesa. La lógica dice que él no tiene sangre de nobleza, ya lo dijo el vecino: Es el hijo de un techador, apenas un reparador de goteras.

Sin embargo tiene una esperanza, débil, pero esperanza al fin. Es el boxeador que perdió en cada asalto, pero se juega un round más. Es el corredor que se dobla el tobillo faltando cincuenta metros para la meta, pero se reincorpora otra vez. –¿Podré algún día cambiar las estrellas?– pregunta a su padre. –Siempre que quieras, puedes cambiar tu estrella– responde el sabio techador. El film se titula "Corazón de caballero" y narra la historia de alguien que logró cambiar su destino, trastocó la lógica, se peleó con el sentido común. Debió ser techador, pero prefirió anhelar ser caballero. Se enroló en los combates como si fuese un noble, logró tantas victorias, que para cuando descubren que no tiene sangre de nobleza, ya se había convertido en un verdadero campeón, y un rey le otorga el verdadero título al mérito. Un corazón de caballero que cambia su futuro aunque esté "muerto".

Puedes cambiar tu estrella.

¿Quieres oír una historia aun más fascinante? Lee y observa con tu imaginación. El hombre espera en la quietud de la celda. El calor es agobiante y denso, pero a esta altura de las circunstancias, la temperatura es lo que menos importa. Las moscas lo invaden, pero no tiene sentido espantarlas; al fin y al cabo, pueden llegar a ser la única compañía digna de apreciar. Los demás presos observan al hombre con recelo. Acechan. Para ser honesto, los últimos meses fueron pésimos para el callado prisionero. Sus hermanos lo odian con todo el alma y le tendieron una trampa; una clásica rencilla familiar que terminó en tragedia, en viejos rencores arraigados.

El hombre es apenas la sombra de aquel muchacho que solía lucir un impecable traje de marca italiana, con un delicado toque de perfume francés. Ahora viste harapos. Se comenta en la celda, que está marcado por la desgracia. Pudo haber sido libre, llegó a trabajar como mayordomo para un importante magnate. Pero los comentarios afirman que quiso propasarse con la bellísima mujer del millonario. En su momento, negó la acusación, pero "no pretenderá que creamos que fue ella quien lo acosó sexualmente", opinan.

–Si fuese como él dice, debió haberse acostado con ella–, afirma un viejo recluso apodado "el griego", –una noche de lujuria le habrían otorgado su pasaporte a la libertad–. El misterioso hombre sigue recostado sobre una de las paredes sucias de la prisión. Parece que supiera algo que los demás ignoran. Como si tuviese un hábil abogado que apelará su condena, o como si presintiese que la muerte está cerca y le aliviará tanto dolor injusto. Sonríe en silencio. Técnicamente está muerto, sin esperanza. Pero ya no siente el calor ni le molestan los grilletes. Los demás presumen que está al borde de la locura. Pero el hombre espera como aquel que sabe que aún puede cambiar su estrella. Tiene un espíritu inquebrantable y toma la celda como parte del plan para cambiar su destino.

Las puertas de acero se abren de golpe y dos guardias entran en escena. Buscan al hombre. Unos de los guardias le dice: –Faraón quiere verte, ha tenido un sueño y dicen que Dios te a dado el don para revelar el significado de los sueños–. El prisionero no se sorprende. Sube los peldaños que lo alejarán para siempre de la celda, en silencio. Los reclusos observen la espalda de este hombre, contémplenlo mientras se aleja. Si tienen la fortuna de estar vivos, la próxima vez que lo vean, lo encontrarán con vestimenta de rey, lucirá como Faraón. El magnate maldecirá haberlo despedido. La mujer confesará que lo acusó por despecho, injustamente. Y su familia se arrojará ante él, para implorarle misericordia. Los presos lo convertirán en leyenda. –Yo lo conocí cuando era un don nadie, y sabía que iba a llegar muy lejos, siempre lo supe–, alardeará y mentirá "el griego". José gobernará la nación.

Siempre que quieras… Puedes cambiar tu estrella.